Uil Gallant estuvo sudoroso durante semanas, nunca entendió los motivos que le habían llevado a soñar sobre su propio nacimiento, y tampoco entendía que se suponía que debía hacer ahora, pero una cosa sí que tenía clara, el sueño era real.
Los primero recuerdos de la infancia de Uil, se remontaban a una clase de arte en el internado al que había sido encomendado, en teoría era un niño huérfano que había sido entregado a las autoridades por un comerciante ambulante que le recogió. Llevaba viviendo en ese internado los 12 años de vida con los que contaba, y sinceramente, nunca se había planteado que ocurriría cuando lo tuviese que abandonar. Las posibilidades de adopción menguaban cada año que pasaba, y de ser el bebé que llegó en una noche de lluvia había pasado a ser uno de los niños mayores de la escuela. Eso le hacía sentir bien, se sentía poderoso, él era el que mandaba sobre los demás chicos, pero si Uil pudiera tener realmente sentimientos se daría cuenta de que en verdad les envidiaba, ya que ellos, aunque eran sus súbditos, también eran aquellos niños que serían adoptados cuando una familia llegase buscando el retoño que el destino les había prohibido. Pero claro, eso sería si Uil pudiera sentir algo, pero no, él ahora comprendía que la envidia era parte de él, era parte de todas las personas, y por tanto su madre se había encargado de separarla de su cuerpo al tratar de salvar a su hijo.
Uil trató de concentrarse en si mismo, trató de mirar en su interior, y por primera vez en años comprendió que estaba vacío. La verdad que eso fue muy duro para Uil, al menos él así lo recuerda. Y pensó.
Uil lo comprendió, algo había acallado esa sensación de vacío durante años. Algo le había hecho creer que era normal, que era capaz de sentir. Uil empezó a recordar el día que conoció al chico que nadó en mil ríos antes de darse cuenta que amaba el mar abierto.
***
8 de Octubre
Un nuevo curso comenzaba en el internado de Uil, y como cada año, todos estaban seguros de que sería un día más en sus rutinarias vidas.
Uil Gallant se levantó de la cama, y como cada día, ninguno de sus compañeros aún estaba despierto, razón por la cual aprovechó para, sin hacer ruido, encaminarse a la ducha y mantener su cuerpo bajo el agua caliente durante más tiempo que nadie. Le gustaba la idea de acabar con todo el agua del calentador de la escuela, esto cabrearía a sus compañeros, y al menos, gracias a eso, el día tendría alguna situación divertida. A Uil le encantaba ver a sus compañeros sufrir debajo del agua fría, le resultaba tremendamente divertido.
La hora del desayuno no daba lugar a muchas situaciones graciosas, todo el profesorado les vigilaba, así que no les quedaba más remedio que cumplir con las normas, aunque las normas, no le molestaban en absoluto, le gustaba que le dijeran lo que tenía que hacer. Pero ese día algo era distinto, él lo notaba, podía olerlo en el ambiente; aquella cosa que estaba sucediendo le influía directamente a él, todos le miraban ¿había hecho algo?.
- ¿Señor Gallant? - La voz del director de la escuela siempre le había parecido a Uil demasiado dulce como para tratarse de un hombre de poder. - Este no es su lugar. Creí haberle comentado que debe dirigirse al comedor de los mayores, este será su primer año con el nuevo grupo, tiene demasiados años como para continuar aquí.
Uil Gallant no entendía nada. ¿Qué grupo de mayores?, ¿Había más gente en esa escuela?, ¿Le iban a mandar a otra escuela lejos de sus conocidos?.
- Señor Gallant, coja su desayuno, salga al pasillo y entre en el comedor del fondo, ese es su nuevo lugar en la escuela.
Así lo hizo, y en ese momento comprendía que haber seguido siempre las normas le impedía comprobar que aquel era un pasillo largo, con habitaciones que nunca había visto y con aquel inmenso y precioso comedor al fondo del mismo. Entró, miró, comprendió que llegaba tarde, se preguntó si aquel era su lugar, y aún siendo consciente de que aquellos chicos eran de su edad (o inclusó algunos menores que él) le parecieron mucho mayores y experimentados. Uil se sintió tremendamente raro, y aunque trató de hablar con alguno de ellos; en el fondo se sintió solo en su primer día en el comedor de mayores.
Siempre hubo un chico que le llamó la atención. Parecía ser el líder de algo, mover la opinión de sus compañeros, le parecía increíble que no se perturbara por nada, realmente ese chico no le había dejado indiferente. Y algunas semanas más tarde y de un modo que no es capaz de recordar del todo, habló con el por primera vez; aunque la información que se intercambiaron, ya era conocida por Uil.
- Mi nombre es Neliö Sposato, y llevo en el comedor de mayores muchos años, tampoco conozco a estos chicos, ellos también son nuevos, realmente todos los sois, y aunque soy el más joven de la sala, soy el único que entiende como funcionan aquí las cosas. ¡BIENVENIDO UIL GALLANT!.
Sin duda alguna las palabras de Neliö le sonaron ariscas y prepotentes, pero el mensaje que Uil entendió no era de ofensa, le estaba ofreciendo su ayuda para entrar a este nuevo mundo.¿Y Uil?, Uil la aceptó sin reparos.
Empezaron a pasar tiempo juntos, algunos días jugaban a algo, otros días Neliö le explicaba el funcionamiento de las cosas por allí, en aquel lugar al fondo del pasillo; y otros días; aunque Uil no entendía el porque, Neliö se pasaba horas escuchándole... "como si a alguien como Neliö le pudiera interesar algo de lo que Uil dijese".
Neliö siempre hablaba con Uil de lo que le gustaban los ríos, había nadado en exactamente mil de ellos, presumía de todos aquellos que había surcado, desde los que aon tremendamente angostos, hasta los más caudalosos del país. Pero había una cosa que Neliö se avergonzaba de reconocer, él no sabia bucear, nunca lo había hecho. ¿Y Uil?, Uil pensó en ayudarle.
Planearon todo y a mitad de curso, cuando ya eran mejores amigos y envidiados por ello por el resto de los compañeros de su comedor, se fueron de viaje, era un viaje de amigos, al gran océano que bordeaba el país, y allí Uil enseñó a su amigo a bucear. Pero Neliö al principio rechazaba el mar abierto, le daba miedo, era profundo, enorme, realmente asustaba. ¿Nunca habeís tenido miedo de que la corriente os lleve?.
Neliö era el mejor amigo que Uil pudo encontrar y juntos empezaron a viajar al océano a bucear. Uil siempre ayudaba a Neliö en el agua, y por primera vez en su vida se sentía útil por algo. Uil había entrado al comedor de los mayores, y era útil, estaba ayudando a su amigo a perderle el miedo al mar abierto, estaba consiguiendo que él se encontrara a gusto en este territorio, aunque el ya había nadado en mil ríos. Y juntos, en el agua, eran felices. Uil nunca se había sentido así, estaba "lleno". Ellos se complementaban, Neliö enseñó a Uil a vivir en el comedor de mayores, Uil enseñó a Neliö a vivir en el mar abierto.
Pero Neliö tuvo miedo, el mar le podía tragar cuando se separara de Uil, él era el que le ayudaba, ¿qué haría si algún día le fallaba? Él amaba nadar en el río, y sabía que no sería capaz de nadar en mar abierto sin Uil, así que simplemente dejó de ir al océano. ¿Uil?, Uil se hubiera sentido mal si pudiera tener sentimientos, estaría triste, pero el destino se los había robado. Siguieron siendo los mejores amigos, disfrutaban juntos en el comedor de mayores. Pero Neliö se sentía mal por no ir al océano; había ido al río, pero ya no le gustaba; así que un día decidió hacerlo sin Uil. Se acercó a la orilla, y le pareció escuchar unas palabras provenientes del viento "Neliö, si no vas a ir nunca más al océano, dejamé ir a mi, yo aún amo el mar abierto". No cabia duda, la voz era de Uil. Neliö dio un paso, otro más, se empezaba a mojar las rodillas y Uil no estaba ahí. Neliö tenía miedo, pero tenía que hacerlo, por él y por Uil. Al fin y al cabo Uil le había enseñado a amar el mar abierto, así que cuando sumergió la cabeza realmente Neliö se encontraba luchando con sus sentimientos, Neliö era un valiente.
Neliö nunca volvió.
Los amigos de Uil le hicieron creer que Neliö había muerto. Pero Uil sabía que no era así, Neliö volvería y se bañarían juntos en el océano. Uil fue feliz durante años pensando eso, ¿Qué dañó le puede hacer a un niño creer en que su amigo volverá? al fin y al cabo Neliö era el chico que nadó en mil ríos antes de darse cuenta que amaba el mar abierto.
***
Uil ya tenía 12 años, y comprendió que aquello que le había hecho sentir completo era Neliö, él era un amigo, y los amigos te quieren aunque tú estés vacío. Con sus 12 años recién cumplidos también fue capaz de entender que Neliö era una de esas pequeñas partes surgidas de él mismo, Neliö no era real, era una de esas creaciones del hechizo de su madre. Neliö era su autoestima, Neliö le había enseñado a Uil que él también vale para algo en este mundo.
Pero Uil tuvo que esperar años para comprender que Neliö no volvería.
Y tal y como lo entendió, rechazó la idea, Neliö nunca se iría del todo. Neliö había marcado un antes, un durante y un después en la vida de Uil. Al fin y al cabo, Neliö era el chico que nadó en mil ríos antes de darse cuenta que amaba el mar abierto.
4 dic 2009
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